La arroparon y cerraron la puerta, unas estrellitas fosforescentes brillaron en el techo. Tras un instante, Wandy encendió la linterna y saltó como un resorte hacia la habitación de sus padres. Rebuscó por los cajones, sus padres se acercaban, cogió un manojo de llaves y se deslizó bajo la cama. Sus padres se dejaron caer sobre el colchón. ¡Boing

– Tengo miedo de que le ocurra lo mismo que a la abuela… Ese libro de recetas la volvió loca. – Expresó la madre apenada.

– Tranquila, está bien guardado. Buenas noches. – Contestó su padre con un bostezo.

Con los ronquidos Wandy reptó hacia el exterior. Corrió hacia la atracción balanceando la jaula bajo los relámpagos, barajó el llavero con la linterna en la boca y abrió la entrada usando una llave con asa en forma de monstruo.

– Prohibido, pasar. Peligro – Graznó el pájaro aleteando. – Los ingredientes. – Repetía.

La linterna proyectaba la sombra de la jaula entre goteras, el pasillo, habitado por una polilla, desembocaba en una puerta cerrada. Ponía “Prohibido pasar,” “Peligro.”

– Es la sala de máquinas, mi padre no me deja entrar.

– Los ingredientes, los ingredientes. – Repetía el pájaro exaltado.

Giró la llave del monstruo, el vapor emanaba de unas tuberías, la sala de máquinas no parecía un lugar donde encontrar zanahorias sonrientes consideró.

Posó la jaula, las llaves, el libro y la puerta se cerró a su espalda. Wandy Iluminó los ojos un ser verde, vestido con unos pantalones muy cortos y dos enormes tornillos sobre sus orejas, estaba rumiando musgo del suelo con cara de placer y se asustó de sopetón.

– Noo me haagass daaañoo. – Movía la boca como si llevase años mascando pegamento.

– ¿Eres un empleado de mi padre? Soy Wandy. – Extendió su mano con curiosidad.

– Yo soy Fraaanky Trankyy. – temblaba.

– Estoy buscando unas zanahorias que ríen, – prosiguió la niña – voy a hacer una tarta de colores para ganar el concurso de la tele Mistercheff.

– ¿Teee – lee? – Le respondió Franky. Wandy puso los ojos en blanco por un instante.

– Espera, voy a enseñarte un dibujo de las zanahorias de mi receta.

Al girarse, vió como el pájaro voló al exterior por una puerta entreabierta llevándose el libro y las llaves. Wandy le persiguió.

Una vía dividía una llanura y se perdía bajo el arcoíris. A su derecha el suelo era verde y estaba soleado, a la izquierda, el cielo contaminado se sumía por las chimeneas de una fábrica castillo sobre una colina árida. El pájaro volaba hacia aquel edificio.

– ¡Vamos Franki! Se lleva la receta.

– Tengoo miedoo. – Franky asomaba la cabeza desde la sala de máquinas.

Franki sacó una pierna y corrió contorsionándose hasta plegarse tras la silueta de Wandy, la puerta se cerró.

– Ops necesitamos las llaves para volver a entrar… ¿Qué hay en esa colina? – Franki lloraba.

– No loo sée, noo lo sée. Nuncaa hee salidoo dee la sala de máquinaas.

– Vaya, colegas ¿Pero vosotros dos vosotros de donde salís? – Preguntó un robot con cabeza de pecera.

Su cabeza llena de agua albergaba dos peces y un pequeño ser verde de ojos saltones, movió una palanca para saludar con un brazo de autómata.

– Soy Wandy. Tengo que recuperar mi libro de cocina y mis llaves. Están en esa fábrica castillo.

– ¿El castillo de la bruja Bug? – Bajó las palancas dejando caer los brazos. – Yo soy Beep Blue. Vivía en una charca pero la bruja contaminó el agua. Tengo que encontrar una charca limpia antes de quedarme sin aire.

– Podéis trabajar en la atracción, te cambiaré de agua una vez a la semana y te daré comida para tortugas.

– Mmm mi favorita… El tren nos deja a la puerta del castillo, igual podemos colarnos.

El tren los dejó al lado de un árbol con un cartel lleno de caracoles con alas de mariposa “Parada 6: Castillo de la bruja mala.”

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